Un momento para el análisis:
REFLEXIONES PARA LOS GERENTES
Presentamos una colección de reglas ingeniosas rebosantes de inspiración y expresadas en un lenguaje sencillo, claro y breve. Se trata de una inspiración de los mejores gerentes del mundo, para una aplicación inmediata en su empresa.
(americasistemas.com.pe. Lima, Perú – 24/06/2009)
LA AUTORIDAD DEBE SER IGUAL A LA RESPONSABILIDAD
Si la autoridad no es igual a la responsabilidad, es una situación en la cual un empleado fracasará. Eso no es justo.
Más a fondo
Responsabilizar a las personas de una tarea sin darles la autoridad correspondiente usted hará que sea virtualmente seguro que fracasen.
Considere este escenario: “Rodrigo, asegúrate de que este proyecto quede terminado para el 1 de agosto. No dispongo de personal para que te ayude y nuestro presupuesto no permite un gasto extra. Usa tu creatividad, pero no molestes a nadie. Y si encuentras la forma de obtener más personal o más dinero, yo no puedo respaldarte”.
Eso es ridículo (no es cierto), sucede todos los días en el mundo de los negocios. Los gerentes asignan un trabajo y hacen responsables a una persona, pero por miles de razones no le conceden autoridad para desempeñarlo. Tal vez sienten que están renunciando a su poder.
En consecuencia, eso destruye la moral. Las personas que se encuentran en la posición de Rodrigo creen que serán los “chivos expiatorios” si algo falla. Y tal vez tienen razón. Incluso, quienes piensan de una manera positiva dirán que sólo la suerte hará que todo resulte bien.
La idea en acción
Luisa era gerente de un departamento de viviendas de la ciudad. A pesar que tenía conocimientos y experiencia, a lo largo de los años había llegado a percibir que su personal le mostraba cierta antipatía. Era una persona amable y actuaba con integridad, así que no podía comprender esa situación.
Un día se iba a jubilar uno de sus supervisores de más antigüedad. Sabiendo que ahora no tenía nada que temer, Luisa le preguntó directamente su opinión de lo que estaba sucediendo. El no dudó en hablarle de uno de sus principales problemas que tenía ella con su estilo.
“Te respetamos por tu competencia técnica y tu interés, pero con tus acciones nos envías una señal de que no confías en nosotros. Muchos pensamos que a lo largo de los años nos has puesto una trampa para que fracasemos”, manifestó el empleado saliente.
Luisa se quedó desconcertada y le pidió un ejemplo. Él respondió sin titubear: “Jamás olvidaré la vez que nos aseguraste que no habría más demoras para llevar el producto al mercado. Cuando protestamos porque el departamento de Producción no contaba con el personal suficiente y no podía manejar el volumen, respondiste que usáramos nuestra influencia. Luego insinuaste de manera enfática, pudimos con el paquete, porque nosotros no controlábamos los recursos para lograr que las cosas sucedieran de una manera diferente. Y después de todo, no despediste a nadie. Un par de empleados renunció, pero nada más cambió”.
Sus comentarios molestaron a Luisa. Por vez primera, se vio a través de los ojos de sus empleados. De allí en adelante, trató de ser más sensible a esa queja y se dio cuenta que a veces ella misma se encontraba en esa situación. Se preguntó si esa clase de situaciones sucedía hasta el nivel más alto de la organización.
Para reflexionar. . .
- ¿Cuándo usted hace responsables de algo a las personas, ¿les da la autoridad para llevarlo a cabo?
- ¿Cómo describiría usted su filosofía administrativa acerca de equilibrar la responsabilidad y la autoridad?
- ¿Alguna vez ha pensado que fue responsable de algo, pero que en realidad no tenía la autoridad para hacerlo? ¿Cómo se sintió?
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