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   Martes 7 de Febrero de 2012  |  Noticiero Digital Nº 477

 
   

 

Nuestra Palabra

Conversar no es pactar! La mejor forma de conversar es gastar! Para gastar es mejor evaluar? Y para evaluar es imprescindible medir! Las dos primeras frases son de cosecha aprista, las dos siguientes, nuestras. Sabemos que estamos penúltimos en LA en el tema educativo, y también sabemos que el Gobierno quiere terminar su actual mandato (con énfasis en actual) colocando al Perú en la posición 25 del ranking Doing Business. Si finalmente, como nos imaginamos lo quieren todos los peruanos de buen sentir, esta meta se logra; sólo habrá una manera para al menos mantener ese nivel de competitividad país que permita ser destino de inversiones, ganándoselas a otras economías que invierten muchos más que Perú en los temas educativos y de CyT.  Esa manera es invertir muy cuidadosamente los presupuestos insignificantes que para ambos aspectos del desarrollo social, destina hace décadas nuestros gobiernos. Soslayando por ahora, la posibilidad que algún outsider gane las próximas elecciones y que éste incluya  en su plan de gobierno una priorización clara y efectiva de estos aspectos del desarrollo estructural, asignándoles una participación significativa, como por ejemplo tan significativa como el canon del cobre destinado a las FFAA chilenas.
Soslayando esa situación casi utópica, evaluar meticulosa y creativamente la inversión que hacemos todos los peruanos en educarnos es imprescindible. A la fecha esta evaluación se limita a mediciones incompletas y con dudosas metodologías y recomendaciones de consultores con experiencia poco pertinente para nuestra tan diversa realidad. ¿Tenemos que medir al Markam o al Santa Ursula con el mismo test que medimos a la Gran Unidad Escolar Bentín, al Fe y Alegria 1021 de Bagua Grande, o al Diego Ferré Sosa de Monsefú? Midiendo la comprensión de lectura de textos simples y operaciones matemáticas básicas, la composición porcentual de nuestra diversidad y la medición de esas competencias mínimas, nos coloca en el penúltimo lugar.  ¿Cambiará esa situación con más notebooks, miles de ellas a 500 soles cada una? ¿Estos escolares las usan para lo mismo? El mayor o menor dominio sobre los navegadores y su capacidad creativa, ¿determinan quién será más competitivo, quién mejorará en mayor proporción su calidad de vida? Son mediciones realmente complejas por su carácter n-dimensional, por su dificultad metodológica. ¿Es suficiente llevar la cuenta de cuántos celulares más han vendido los fabricantes y cuantas conexiones de banda ancha tenemos? ¿Cuál es el nivel mínimo aceptable que un gobierno, local regional o nacional debe plantearse como meta, si cada cierto plazo, aparecen nuevas tecnologías? ¿Dónde ponemos el foco del esfuerzo? ¿Qué tecnologías se priorizan?, ¿Qué contenidos pedagógicos y temáticos son pertinentes para cada región? ¿Cómo los producimos? ¿Qué rol debe tener las universidades, las empresas, los gobiernos? Muchas de estas preguntas ya tienen respuestas,….pero quedan las dudas planteadas al inicio de esta reflexión. Con las TIC´s  tenemos la gran oportunidad de obtener certezas, a nivel operativo, a nivel de objetivos específicos, indicadores de gestión y desempeño; y sobre todo de implementar los servicios y las plataformas tecnológicas para iniciar este gran cambio y las mediciones permanentes requeridas. No se trata solamente de que nuestro niños del área rural hagan su Pyme agroexportadora cuando cumplan  19 años a través de la ventanilla de Servicios al Ciudadano. Se trata de qué tan competitivos tienen que ser, entre otros  aspectos, usando las TIC´s,  para  competir y ganar a sus pares de las otras 24 economías que estarán delante de la nuestra en este factor y las otras 30 o 40 que pretenderán subir en el ranking. Y no basta encontrar un caso de éxito promovido por una ONG, se trata de ayudar de manera efectiva a la mayoría de la población. Así son los retos del Siglo XXI y la economía global basada en conocimiento.